Albrecht Kossel: Los bloques de construcción de la vida (1910)

Arquitectos de la Vida: La Saga de los Premios Nobel · Capítulo 11

Albrecht Kossel: Los bloques de construcción de la vida (1910)

Albrecht Kossel: Los bloques de construcción de la vida (1910)
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Imaginate por un momento que sos un detective frente al misterio más grande de la historia: ¿De qué estamos hechos realmente? A finales del siglo XIX, la ciencia creía tener la respuesta. Los científicos estaban convencidos de que las proteínas eran las reinas de la biología. Pensaban que estas moléculas gigantescas y complejas eran las encargadas de transmitir la herencia, de mover los músculos y de guardar nuestros secretos. Sin embargo, en un rincón de un laboratorio alemán, un hombre llamado Albrecht Kossel sospechaba que estábamos mirando el rompecabezas equivocado.

Kossel no era un hombre de grandes gestos ni de discursos heroicos. Era un químico meticuloso, un buscador de piezas pequeñas. Mientras todos los demás se enfocaban en las proteínas, él decidió sumergirse en una sustancia pegajosa y extraña que se encontraba en el núcleo de las células, algo que en ese entonces llamaban 'nucleína'. Para la mayoría, la nucleína era simplemente un andamio, un material de soporte sin importancia, algo así como el cartón de una caja de zapatos que se tira una vez que sacás las zapatillas nuevas.

Pero Kossel tenía una corazonada. Si el núcleo de la célula era el centro de comando de la vida, lo que había adentro no podía ser basura. Con una paciencia infinita, empezó a 'cocinar' esa sustancia, a descomponerla usando ácidos y calor, tratando de ver si había algo más oculto en su interior. Lo que encontró no fueron más proteínas, sino algo que nadie esperaba: una serie de fragmentos químicos que se repetían una y otra vez. Eran piezas de un rompecabezas que nadie sabía que existía.

  • Buscó en el esperma de salmón.
  • Buscó en las células de la glándula del timo.
  • Buscó en la levadura de la cerveza.

En todos esos lugares, sin importar cuán diferentes fueran las especies, Kossel encontraba los mismos componentes. Era como si hubiera descubierto que todos los libros del mundo, desde una novela de amor hasta un manual de instrucciones, estuvieran escritos con las mismas letras. Pero, ¿cómo podían unas simples moléculas químicas contener las instrucciones para fabricar un ser humano completo? ¿Y cómo es posible que hayamos ignorado durante tanto tiempo el verdadero alfabeto de la existencia?


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