Karl Landsteiner: El mapa de nuestra sangre (A, B, O) (1930)

Arquitectos de la Vida: La Saga de los Premios Nobel · Capítulo 26

Karl Landsteiner: El mapa de nuestra sangre (A, B, O) (1930)

Karl Landsteiner: El mapa de nuestra sangre (A, B, O) (1930)
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Viena, 1900. Una ciudad de cafés humeantes, valses en los salones y sombras que se alargan bajo los faroles de gas. En un laboratorio pequeño del Instituto de Patología, un hombre delgado de bigote fino y mirada penetrante observa con frustración cómo otro paciente muere después de una transfusión. Se llama Karl Landsteiner, y esa noche, mientras anota en su cuaderno con letra meticulosa, no sabe que está a punto de descifrar uno de los misterios más profundos del cuerpo humano: ¿por qué a veces la sangre salva vidas y otras veces las destruye?

La escena se repite una y otra vez. En 1875, un médico alemán, Leonard Landois, había documentado algo aterrador: cuando mezclaba sangre de dos animales diferentes en un tubo de ensayo, los glóbulos rojos se aglutinaban como uvas podridas, formando grumos oscuros. Pero lo peor era cuando intentaba lo mismo con humanos. Algunos pacientes mejoraban al instante después de recibir sangre nueva; otros sufrían escalofríos, fiebre y, en los casos más graves, morían con los riñones obstruidos por esos mismos grumos. Era como si la sangre tuviera un código secreto que solo algunos podían descifrar.

Landsteiner, obsesionado con el orden y los patrones, decide investigar. En 1901, reúne a seis colegas del laboratorio: el doctor Pletschnig, el doctor Sturli, y otros cuatro cuyos nombres la historia casi olvida. Les pide que se saquen sangre unos a otros, como si fueran conejillos de indias. Con pipetas de vidrio, mezcla gotas de sangre en placas de porcelana y observa. Lo que descubre lo deja sin aliento: no toda la sangre humana es igual.

  • La sangre de Sturli hace que los glóbulos de Pletschnig se agrupen como imanes.
  • Pero la sangre de Landsteiner no reacciona con la de Sturli.
  • Y la de otro colega, el doctor Zar, no se mezcla bien con ninguna de las otras.

En solo unas semanas, Landsteiner identifica tres tipos de sangre. Los llama A, B y C (luego, el C se rebautizaría como O). Pero hay un cuarto tipo, más raro, que descubre años después: el AB. Es el primer mapa de la sangre humana, un sistema de compatibilidades que salvará millones de vidas.

Sin embargo, el mundo no lo escucha de inmediato. En 1907, un cirujano estadounidense, Reuben Ottenberg, lee los artículos de Landsteiner y realiza la primera transfusión exitosa usando este sistema. Pero incluso entonces, muchos médicos prefieren confiar en la suerte o en métodos arcaicos, como transfundir sangre de animales. Hasta que la Primera Guerra Mundial estalla en 1914, y los hospitales de campaña se llenan de soldados desangrándose. ¿Cómo es posible que algo tan vital como la sangre tenga reglas tan estrictas? ¿Y por qué la naturaleza diseñó este sistema de incompatibilidades?


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